domingo, 13 de noviembre de 2016

Un nuevo blog

Celebro el nacimiento de "El hormiguero de lectores."

Un viaje por el mundo de la literatura para niños.

Creado por la Dra. Laura Rafaela García, argentina, investigadora.

Preparen sus valijas y que empiece la navegación.

https://elhormiguerodelectores.wordpress.com/2016/11/09/acerca-del-blog/

domingo, 23 de octubre de 2016

¡Mi diente, mi diente!



Diente que se mueve, 

para un lado, para el otro;

da una vuelta y otra.


Alcanza mares de encías,

océanos de mi gran boca;

saluda a otros dientes, sus amigos,

se pelea y también los ayuda  a 

saltar, a correr, a querer.


Diente que viene volando

por el viento, por el aire.

Va rodando como un trompo

por el extenso espacio 

de mi  boca.


Hasta que, ¡zaz!, mi diente,

concluye aquí su recorrido,

pues, se me ha caído.

                                               Adriana Ester Morelli




domingo, 9 de octubre de 2016

Escrituras de Flor

Florencia, de cinco años, inventó:


Brillos que brillan


Luces que se prenden,

luces que se apagan.

Yo me voy dormir 

sin mi capa.

El mundo se apaga

para que todos vean

pero, aún, yo no veo nada.


                                                          Florencia  Bulfon

domingo, 2 de octubre de 2016

Presentaciones de libros II

Asistí a otra  fiesta de la poesía. Fue en la presentación del libro Las formas del día, Valeria Sardi, Ediciones Del Dock.






Presentación de libros I



Un método del mundo de Mariela Gouiric de Editorial Blatt & Ríos








Poesías III

Ansiados. Anhelados. Amenos.
Días. Dorados. Dulces.
Risas. Risotadas risueñas, resuenan rocas.
Inesperados, imprevistos.
Aquellos años.
Nihilistas, necesarios.
Añorados amores amorosos.
Adriana Ester Morelli

Poesías II

Atraparé hojas. Hojas secas.
Derretidas. Gruesas. De papel.
Romperé el viento con ellas.
Inhalaré su aire.
Agarraré el aire y las hojas.
Nunca los dejaré escapar.
Armaré una torre de deseos con ellos.

















 Adriana Ester Morelli

Poesía

La poesía vive. Hoy más que nunca. En todas las latitudes.  Afloja y distiende la materia rígida y dura que el coletazo de la violencia le jugó su mala pasada.
Bienvenidas, las palabras. Palabras, arte. Arte, palabras. Palabras hechas arte. El arte de las palabras. Musicalidad, tibieza para el alma. Espejo de agua. Reflejo de quién somos o borrosas visiones del deseo de un otro yo
Adriana Ester Morelli

sábado, 23 de julio de 2016

Actas de las VII Jornadas de Poéticas de la Literatura Argentina para niñ@s

Dejo bibliografía  para no aburrirse y zambullirse en el mundo de la LIJ con sus últimas novedades. Aquí va, entonces,el enlace con las Actas de las Séptimas Jornadas de Poéticas de la Literatura Argentina para Niños.


jueves, 16 de junio de 2016

Nacer, crecer...


Nací, en la era nueva

en la era nueva yo nací.

Como un pájaro desesperado 

por aletear y dar los primeros

pasos, los vuelos iniciales

y volar, volar, alto, ¿alto?

No sé, quizás, tal vez.

                                        Adriana Ester Morelli



¡ Feliz cumpleaños litteruleando!

martes, 17 de mayo de 2016

Sentimientos maternos

Miedo


El niño se ha alejado de la casa un momento
Y se vuelve de pronto más ligero que el viento.

El niño en el camino se paró de repente
Porque dormida estaba al sol una serpiente.

Con el juguete nuevo en las manos deshecho
El niño se recuesta tembloroso en mi pecho.

Y en la pequeña caja del cuerpo estremecido
Repercute sin tregua un violento latido.

Así cuando en las manos, aunque sean muy suaves, 
Temblorosas de miedo se acurrucan las aves.

Sobre el pecho del niño mis dos manos coloco
Y siento que la entraña se aquieta poco a poco.

Luego el niño levanta la cabeza, me mira.
Con sus ojos azules, muy quedo suspira.

Alfonsina Storni
Antología Poética
Losada, 2007


martes, 10 de mayo de 2016

Homaneje a Lidia Roxana Pérez II

Hoy, hace nueve años, fallecía Roxana. En honor a su permanente lucha en la vida,  unas palabras de la mano de  de Alfonsina Storni.




Palabras manidas a la luna

Quiero mirarte una vez más, nacida
del aire azul, con gotas de rocío
pendientes sobre el mundo, aligerada
de la angustia mortal y su miseria.


Sobre el azogue, más azul, del río,
diciendo "llora", aymé, tan transparente
que no hay palabras para aprisionarte,
nácar y nieve sueños de ti misma.

Baja: mi corazón te está pidiendo.
Podrido está, lo entrego a tus cuidados.
Pasa tus dedos blancos suavemente

sobre él; quiere dormir, pero en tus linos
lejano el odio y apagado el miedo;
confesado y humilde y destronado.

Alfonsina Storni
Antología Poética
Losada, 2007

viernes, 6 de mayo de 2016

martes, 9 de febrero de 2016

Escrituras II



Continúo con el ciclo de escrituras. Hoy presento otro texto que escribí en el dos mil catorce en la materia Didáctica de letras a cargo de la profesora Paula Labeur en el  Profesorado en lengua y literatura del IES I.

Recuerdo que leímos un cuento que - desde la primera vez que lo tuve entre mis manos, allá por el dos mil, - me resultó muy peculiar. Se trata de Cartas de una señorita en Paris de Cortázar de su libro Bestiario. 
Los estudiantes hablamos, debatimos sobre la fábula y el fabular. Discutimos opiniones, puntos de vista, enriquecimos con teoría. La escritura de invención, versaba sobre pensar en incluir a los conejos de este cuento en  una fábula, que sea nueva, que sea nuestra, de cada alumno. A continuación, la presento en sociedad, mi creación: Fábula de la oruga y el puma.






Fábula de la oruga y el puma.
Érase una vez en el monte donde habitaba una simpática oruga muy amiga de un puma.
La oruga había decidido que  se iría de vacaciones por unos días a la casa de su tía Clodorima que la esperaba con una torta de sandías.
Una mañana la oruga caminaba muy oronda con corona por el monte y se encontró con su amigo el puma con quien se puso a conversar:
 _Hola querido puma, ¿cómo estás? – le preguntó ella.
_ Hola querida amiga. Yo estoy muy bien – le respondió él. Luego le pregunta:_¿y vos cómo andás?
_ Muy contenta porque me iré de vacaciones a lo de mi tía Clodomira.- Le respondió muy feliz la oruga. Luego agrega:_ Querido puma, me gustaría pedirte un favor .
_ ¿Un favor?, ¿cuál?. – responde el puma.
_ Querido amigo, hace un tiempo que nos conocemos y te tengo gran aprecio y confianza. Por esto yo quiero pedirte que, por favor, querido puma, te quedes viviendo en mi hogar, que es mi casa y prácticamente todo lo que tengo, mientras yo esté de vacaciones. Te ruego que preserves y protejas mi casita que la tengo muy ordenadita. Te suplico, querido puma, que tengas especiales cuidados al usar los utensillos, los muebles, los adornos, los cuadros que muchos de ellos me han sido regalados y… ¡mis bibliotecas! que atesoran muchas y enriquecedoras obras, hasta tengo colecciones en francés y otras en inglés. Te pido especial cuidado con ellas porque son muchos los libros.  Que los vuelvas a ordenar después y por favor no dejes entrar a ningún otro animalito del monte así sea amigo – le suplicó la oruga.
Y el puma le responde:_ Querida oruga, por mi parte podés quedarte totalmente tranquila y además te doy mi palabra de honor de que cuidaré las pertenencias de tu morada y nadie más que yo la habitará por esos días.
La oruga, muy amablemente le dice: _ ¡Oh! Muchas gracias querido puma. Estoy plenamente agradecida.- Se despiden con un beso y se van.
Pero el puma ocultaba un secreto que no se lo había contado a nadie. Ni siquiera a su amiga la oruga. Tal secreto era que él vomitaba conejos. En cualquier momento y lugar le venían unas terribles ganas de devolver y de repente aparecía de su boca y como por arte de magia un conejito vivito y coleando.
Y así fue como estando en la casa de la oruga, el puma, muy cómodo en un mullido almohadón vomitó un conejo al que siguieron dos, tres, cuatro... cientos... miles. Negros, blancos, grises ocupaban toda la casa. Se subían a las sillas y sillones, rompían adornos y se colgaban de los cuadros hamacándose en ellos. Trepaban por los barrotes de la biblioteca y saltaban por sus anaqueles hasta que mordisqueaban hojas de algún libro de la colección en inglés o en francés.
El pobre puma observaba la casa revuelta, desacomodada, rota. Desesperado y angustiado rompió en llanto sin saber qué y cómo le diría a su amiga la oruga lo sucedido.

Moraleja: Nunca te comprometas a hacer algo si no estás seguro de poder cumplir.
Adriana Ester Morelli

lunes, 8 de febrero de 2016

De azul cielo


Lidia Roxana Pérez, querida prima, subo esta deliciosa poesía: El río y la luna de Magdalena Fleitas del disco Risas de la Tierra
Gracias a vos que lo descubriste. 
Que me contaste de su existencia en una de nuestras charlas 
es que pude escucharlo, disfrutarlo y
sentir cómo la música, ribete de azul cielo, se enlaza con la literatura. 
 ¡Gracias!, Roxana.
Adriana Ester Morelli


sábado, 9 de enero de 2016

Escrituras

Hoy comienzo a añadir textos pensados y llevados al papel en el año dos mil catorce. 
Fueron escritos en el marco de la formación del Profesorado en Lengua y Literatura del IES I "Dra. Alicia Moreau de Justo" en la asignatura Didáctica de letras a cargo de la Profesora Paula Labeur. Ella nos formó en el arte de la escritura de invención a través de consignas muy creativas y de su autoría. La idea no es copiar aquí la consigna dada por la profesora sino explicar de que se trató nuestra tarea en tanto alumnos.
Por ejemplo, en un primer momento nos invitó a leer Historia (de un cronopio) de Julio Cortázar: 

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta". (En Historias de Cronopios y de Famas, 1962).

A partir de ese texto debíamos pensar una posible forma de expandirlo. No obstante esto y luego de hacer y deshacer muchos borradores, decidí que naciera Ataraxia. 





Ataraxia.

Aquella casa era una mansión de dos plantas. Enorme. Las ventanas siempre cerradas le daban un aspecto sombrío y oscuro. Apenas la tenue luz del sol se colaba por entre las hendijas de las persianas. El calor de la atmósfera era tan abrumador que la brea del callejón sin salida donde se encontraba la residencia, se derretía entre los dedos. Pero a pesar de que afuera el calor no daba respiro, la residencia estaba congelada y se percibía una profunda oleada helada en ella.

En planta baja, el comedor donde grandes banquetes se habrían festejado en aquellas épocas de auge y esplendor de los habitantes de aquella casona. Contiguo a éste la gran sala de estar equipada con antiquísimos sillones cubiertos con bolsas de nylon. También caireles, viejos jarrones, platos de porcelana japonesa daban el aspecto de lugar deshabitado desde hacía años.
Lindante a la gran sala, una larga escalera de opaco mármol que parecía conducir al firmamento. Desde los peldaños se percibía una nauseabunda pestilencia a cigarrillo.

Allí estaba yo, justo con un pie en el escalón como para subir las escalinatas y llegar hacia aquel lugar desde donde provenía la tufarada a tabaco. Mientras ascendía con mis pasos escuchaba una voz ronca que tosía. La tos, constante como un solo de concierto de tambores africanos.

Por fin llegué al final de aquella escalinata y me topé con una añeja puerta que conducía a una de las sombrías habitaciones. Yo estaba allí, esperando entrar. Sabía que mi función era atender al paciente pero una helada sensación corría en mi interior. Dudé en quedarme. Atiné a dar media vuelta y marcharme. Finalmente golpeé la puerta, ésta se abrió. Aún sin entrar una envolvente humarada cercó mis sentidos e hizo que me adelantara un paso hacia adelante y apareciera en aquel congelado cuarto. De repente todo era un silencio ensordecedor y caí en la cuenta de que no escuchaba más aquella enferma tos.

El abrumador silencio había cubierto la tos, mis pasos por los escalones, la ola de calor del exterior de la casa, mis pensamientos. Yo estaba allí tiesa, inmóvil hasta que reaccioné, caminé por aquel habitáculo y pregunté si habría alguien, elevé mi volumen de voz una y otra vez. Dejé pasar unos minutos y en un ensordecedor grito reformulé mi pregunta. Ninguna respuesta. Yo permanecía allí pero ahora decidida a marcharme. Me dirigí hacia aquella antigua puerta y coloqué mi mano en su viejo y descascarado picaporte. No llegué a tocarlo pero, una extraña y pequeña criatura, como saliendo de la nada y volando se detuvo ante mí. Primero tosió con voz ronca, como escupiendo aquel humo envolvente de aquella sombría y fría pieza. Tosió una y otra vez. Después logró mirarme rígidamente y ahí descubrí sus aguachentos ojos. Recuerdo que en ese instante comencé a marearme. Aquella fría, sombría y humarada alcoba comenzó a girar a mi alrededor cual una calesita en una plaza un día domingo. En un determinado momento caí al piso,inconsciente, desmayada, dormida, estaba yo ahí tirada.

Aquella extraña, pequeñita, peludita, insignificante criatura de ojos aguachentos comenzó a revolotear de aquí para allá impacientemente. Mientras volaba buscaba. Buscaba y volaba. Rastreaba una llave. La llave de la puerta de calle para escapar de aquella horrible, sombría, fría pieza en la yo yacía inconsciente.
Aquel raro ente buscaba en la mesa de luz, luego buscaba la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa allí, en ese callejón sin salida que para él era la salida a la calle.

Recuerdo que en un determinado momento desperté y lo vi buscando. No sé qué fuerza interior me inspiró a dar un salto, tomar a la extraña, pequeña y confusa criatura y devorármela de un bocado. Luego comencé a sentir que de mis pies brotaban alas y en ese mismo instante comencé a volar. Buscaba. Buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, aquel dormitorio con tufo a tabaco en aquella helada y oscura casa y la casa en aquella calurosa, sofocante, agobiante pero libertaria calle.

Adriana Ester Morelli