martes, 9 de febrero de 2016

Escrituras II



Continúo con el ciclo de escrituras. Hoy presento otro texto que escribí en el dos mil catorce en la materia Didáctica de letras a cargo de la profesora Paula Labeur en el  Profesorado en lengua y literatura del IES I.

Recuerdo que leímos un cuento que - desde la primera vez que lo tuve entre mis manos, allá por el dos mil, - me resultó muy peculiar. Se trata de Cartas de una señorita en Paris de Cortázar de su libro Bestiario. 
Los estudiantes hablamos, debatimos sobre la fábula y el fabular. Discutimos opiniones, puntos de vista, enriquecimos con teoría. La escritura de invención, versaba sobre pensar en incluir a los conejos de este cuento en  una fábula, que sea nueva, que sea nuestra, de cada alumno. A continuación, la presento en sociedad, mi creación: Fábula de la oruga y el puma.






Fábula de la oruga y el puma.
Érase una vez en el monte donde habitaba una simpática oruga muy amiga de un puma.
La oruga había decidido que  se iría de vacaciones por unos días a la casa de su tía Clodorima que la esperaba con una torta de sandías.
Una mañana la oruga caminaba muy oronda con corona por el monte y se encontró con su amigo el puma con quien se puso a conversar:
 _Hola querido puma, ¿cómo estás? – le preguntó ella.
_ Hola querida amiga. Yo estoy muy bien – le respondió él. Luego le pregunta:_¿y vos cómo andás?
_ Muy contenta porque me iré de vacaciones a lo de mi tía Clodomira.- Le respondió muy feliz la oruga. Luego agrega:_ Querido puma, me gustaría pedirte un favor .
_ ¿Un favor?, ¿cuál?. – responde el puma.
_ Querido amigo, hace un tiempo que nos conocemos y te tengo gran aprecio y confianza. Por esto yo quiero pedirte que, por favor, querido puma, te quedes viviendo en mi hogar, que es mi casa y prácticamente todo lo que tengo, mientras yo esté de vacaciones. Te ruego que preserves y protejas mi casita que la tengo muy ordenadita. Te suplico, querido puma, que tengas especiales cuidados al usar los utensillos, los muebles, los adornos, los cuadros que muchos de ellos me han sido regalados y… ¡mis bibliotecas! que atesoran muchas y enriquecedoras obras, hasta tengo colecciones en francés y otras en inglés. Te pido especial cuidado con ellas porque son muchos los libros.  Que los vuelvas a ordenar después y por favor no dejes entrar a ningún otro animalito del monte así sea amigo – le suplicó la oruga.
Y el puma le responde:_ Querida oruga, por mi parte podés quedarte totalmente tranquila y además te doy mi palabra de honor de que cuidaré las pertenencias de tu morada y nadie más que yo la habitará por esos días.
La oruga, muy amablemente le dice: _ ¡Oh! Muchas gracias querido puma. Estoy plenamente agradecida.- Se despiden con un beso y se van.
Pero el puma ocultaba un secreto que no se lo había contado a nadie. Ni siquiera a su amiga la oruga. Tal secreto era que él vomitaba conejos. En cualquier momento y lugar le venían unas terribles ganas de devolver y de repente aparecía de su boca y como por arte de magia un conejito vivito y coleando.
Y así fue como estando en la casa de la oruga, el puma, muy cómodo en un mullido almohadón vomitó un conejo al que siguieron dos, tres, cuatro... cientos... miles. Negros, blancos, grises ocupaban toda la casa. Se subían a las sillas y sillones, rompían adornos y se colgaban de los cuadros hamacándose en ellos. Trepaban por los barrotes de la biblioteca y saltaban por sus anaqueles hasta que mordisqueaban hojas de algún libro de la colección en inglés o en francés.
El pobre puma observaba la casa revuelta, desacomodada, rota. Desesperado y angustiado rompió en llanto sin saber qué y cómo le diría a su amiga la oruga lo sucedido.

Moraleja: Nunca te comprometas a hacer algo si no estás seguro de poder cumplir.
Adriana Ester Morelli

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